Mi opinión hace tiempo que dejó de contar.
Las zapatillas se machan de barro según mis pasos avanzan por Madrid.
Se respira soledad.
Soledad que entra en mis pulmones y se queda a vivir.
Los ojos hinchados, rojos, cansados de llorar mares.
El humo del cigarro alienta pero después inspira culpabilidad.
El folio y el bolígrafo alientan muchísimo más de lo que jamás cualquier persona ha alcanzado a hacer.
Bueno, quizás ya sólo me quede eso, ¿no?
Ellos nunca fallan.
Todo lo que un día creí mío se ha desvanecido.
De un tiempo a esta parte todo viene con una fecha muy próxima de caducidad.
Pero qué más da, estos es uno más de tantos textos. No hará que nadie cambie.
Pensar en el pasado es como abrir heridas semicerradas.
La vida pasa entre frases escritas a nadie que nadie leerá.
Las canciones tristes tiene alguien que las descifre al fin.
Esta sudadera me protege del frío, me convierte en Madrid barrio, en respiros amargos. Otro pitillo.
Qué más da. A nadie le mata uno más.
Respira; ¿sientes eso? Sí, es eso.
Qué jodido, sigues viva.
Malgastando sonrisas amargas en el mismo parque de siempre.
El parque que te vio crecer. Que te vio perderte.
¿Quién iba a pensar cuando eras pequeña que todo tomaría ese rumbo?
Desearía volver a ser la niña pequeña que jugaba con la arena.
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