Nunca nadie sabrá todo lo que por mi cabeza en algún momento ha pasado.
Las ocasiones en las que mi corazón pidió paz y mi cabeza seguía en tormenta.
Las cosas terribles que he hecho, los monstruos que he creado.
Los momentos de dificultades, o eso que yo llamo vida.
El día en que las lágrimas empezaron a salir con escasa asiduidad.
Porque si llorar es de débiles, al menos algo fuerte debo ser (tras todo esto que he soportado), aunque después me haga mierda por dentro.
Las veces que me fallaron... que ya se han hecho incontables, hostia.
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