martes, 2 de septiembre de 2014

Junio. Empiezan las esperadas vacaciones, con esperanzas de un eterno verano. Decides que lo que quede atrás durante tres meses no te va a importar, simplemente porque " es verano ". Tienes tantos planes en la cabeza, tantas metas, tantas ilusiones, tantas ideas. Va a ser el mejor verano de tu vida, y tú misma te vas a encargar de ello. 
Han pasado dos meses. Un relajado Julio y un increíble Agosto. Justo como te hacía falta.
Y ahora es Septiembre. El sol queda atrás. Los romances de verano. Las largas noches de fiesta con tus amigos. El baile, la bebida, la playa, el sol, pasarlo bien... ¿dónde está todo eso? 
Vuelves a Madrid, contactas de nuevo con tu gente de allí, les echabas de menos... pero la añoranza llega rápido, ya no te sientes igual de libre, al volver a la ciudad que tanto te gusta la monotonía volvió contigo. Aún tienes la lista de reproducción con las canciones para bailar de fiesta, alguna sonó en la radio de vuelta a casa. Aún están tus conversaciones mandando audios para dar envidia. Acaricias la ficha de aquella atracción donde con tus amigas bailabas y cantabas sin ninguna preocupación. Y vuelves con una sonrisa inconsciente al recordar la cantidad de gente increíble que has conocido. Ves el arco de Ventas, la plaza de Toros, el coche para. Y vas por tu calle empujando a duras penas la maleta... vuelve más cargada; los increíbles recuerdos de tu verano pesan en ella.

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