domingo, 17 de mayo de 2015

Anestesiada, acostumbrada. Puede que no entiendas de qué te hablo."Vámonos" dijimos, pero el uno confiaba en que el otro supiera a dónde. 
Y entonces se me cayó el alma a los pies. Y se quedó apoyada en mis talones. 
Llegamos al punto en el que caos y control eran sinónimos. 
Y estábamos allí. Simplemente cerca, de forma extraña.
Y yo ya no sabía de qué color era tu voz, pero sabía que la mía estaba verde amarillenta como cuando vomitas, y no recordaba con qué color queda bonito ese.
Yo sigo buscando una puerta porque hace tiempo que supe que tenía que salir. 
Pero siempre fui de quedarme a observar a ambos lados desde el marco.

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