Pensé que podría confiar en ti, que nunca serías capaz de mentirme. Te quería. Hablábamos horas y horas. Lo pasábamos genial, joder. Pero ahora, ¿qué queda? Parece que ni te hayas dado cuenta de que no es lo mismo ya, aunque lo sabes tan bien como yo. Y pensar que yo te creía.
Qué boba, qué tonta, qué estúpida.
Qué gilipollas en definitiva, fui por creerte...
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