sábado, 18 de mayo de 2013

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Posponer un final seguro sólo hace más dura la espera. Muchas veces queremos evitar que lo bueno acabe, queremos que no se vaya, que perdure. Pero no nos damos cuenta de que nada dura para siempre, y que las cosas más buenas que tenemos en la vida, son a veces las que menos tiempo duran, las más efímeras. Y duele mucho ver cómo algo o alguien que queremos se va sin que podamos hacer nada para evitarlo. Intentar que esto no suceda es lo que más duele. Tratamos de retrasar el momento de la despedida, el más duro en definitiva, por todos los medios. A veces, así lo único que hacemos es empeorar las cosas, hacer más daño, y por mucho que el corazón diga lo contrario, hay que resignarse y disfrutar de los últimos momentos como si no fuesen a repetirse, pues con certeza no se repetirán nunca más. Ver en silencio cómo algo de lo más importante de nuestra vida se va, se aleja poco a poco.

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