Una batalla interior.
La gente cambia constantemente. No siempre es por egoísmo, a veces es necesario para poder seguir cuerdo. Por esto, a veces la gente se pone una dura carcasa de acero, muchas veces consistente en tratar mal a los que les rodean, en un intento de adelantarse al posible daño que les puedan hacer. Es aquello de "o pisas, o te pisan". Una decisión demasiado radical que casi siempre termina por librar en ellos un conflicto interior entre la amabilidad y la vulnerabilidad.
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