Hoy las cartas que escribí están abandonadas en un rincón de la habitación. Yo estoy sumida en los recuerdos, en los pensamientos. Ante la pantalla, escribiendo a un ayer que pasó y en el que parezco seguir anclada. Aferrada a lo que queda, lo que queda de ti, a la noche de memorias, de esa canción con la que siempre acabo llorando en la misma estrofa de siempre, y la que no paro de escuchar. Por mi mente en blanco pasan tantas cosas al mismo tiempo que creo morir. Yo aquí, con la mirada perdida en la esquina derecha de mi habitación. En mis oídos retumba un atisbo de tu voz. La cordura se fue ya hace tiempo. La siguiente nota vale para mí más que todas las lágrimas, que cada vez que tuve que apretar los puños, y hacerme la tonta a sabiendas de que se me nota que actúo como que nada importa. Si echar de menos no es sano, mañana mismo podría morir. Te apareces cada noche en mis pensamientos, pues parece que te has quedado a vivir ahí. Apareces, pero no te quedas. No permaneces, pues la eternidad es algo propio de los textos bonitos de amor, no de esta realidad de una noche cualquiera de octubre. Con el tiempo me dí cuenta de que no soy nada sin tu recuerdo. Dependencia de pensarte. Extraño las adicciones que uno mismo puede crear en base a una persona. Ha pasado bastante tiempo ya desde la última vez que nos vimos. Pasan las noches, los días nublados, los momentos, la lluvia de mierda que me cala, otras personas, y yo aquí, rechazando cada mano que me tienden, porque quiero que esa mano sea la tuya. A veces me siento estúpida escribiendo textos a un hecho pasado al que no soy capaz de olvidar. A veces escribo pequeñas cartas como si te las fuese a dar. Te cuentan las miradas, los suspiros que ahogaron palabras a punto de salir, los delirios fortuitos. Te cuentan lo que yo no soy capaz de decirte.
El final de las cartas; una última frase, que resume mi ahogo. . .
"Posdata; te extraño."
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