Encontré el amor en un lugar prohibido. Ahí estaba, reflejado en tus ojos. Lo encontré entre besos y caricias que simplemente, no tenían razón de ser. Junto a las miles de promesas que nunca sabremos si eran ciertas. Al lado de muchos planes geniales que ideamos. Era una situación extraña, un atípico cóctel de sentimientos que prometía mucho, pero que acabó por hacerme vomitar tras emborracharme de él. Embriagada de ilusiones. De mariposas en el estómago. Quién lo iba a decir. Parecíamos complementarnos, joder, éramos tan perfectos, tal para cual. Iguales. Después empezaron los problemas. Bien pensado, los momentos buenos, aunque valieron la pena, fueron muy pocos en comparación del dolor que vino detrás. Era desesperante tratar de salvar algo que estaba acabado incluso antes de empezar, si es que alguna vez había comenzado algo. Desesperante, a la par que inservible. Algo como gritar, sin tener a nadie que te oiga.
Entonces, el amor se fue. Huyó.
Quizás le asustamos, con tanto en tan poco tiempo. O quizás fue el único coherente, el único que supo cuando irse para no sufrir. Se escapó de entre nuestros dedos, que por aquel entonces aún se encontraban de cuando en cuando, atrevidos a la par que tímidos, y se entrelazaban. No nos dejó tiempo ni para una despedida. La que aún siento que me hace falta. Adiós, "amor". Ojalá pronto nos reencontremos. Seguro con otra persona, otra cara, otros abrazos, de otra forma. Y ojalá también, que entonces vengas para quedarte, que no seas otro más de esos pasajeros fugaces que únicamente arruinaron esperanzas. Hasta entonces.
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