lunes, 16 de septiembre de 2013

Goodbye, summer.

El verano nos da libertad. Nos da la sensación de que el mundo es nuestro. Nos recuerda que somos jóvenes y, que si queremos, el mundo está a nuestros pies. 
El verano es vida. Es fiestas, trasnochar, reír, beber, bailar, saltar, querer, besar, abrazar, vivir, es todo eso, al lado de tus amigos. El verano es no levantarte a las ocho de la mañana para enfrentarte a cinco horas y media de clases, es dormir y comer sin prisas, es permitirte salir una tarde de diario a dar una vuelta, o con tus amigas, el verano es desconectar, olvidar todo lo que normalmente te estresa o te preocupa. 
El verano es vivir el momento. 
Sin más.
El verano, tan anhelado, el que estamos deseando que llegue y el que tratamos de eternizar, para no verle nunca marchar, aunque siempre acaba por irse. 
Este verano ha sido uno de mis mejores veranos, aun en ausencia de playa. La playa no es necesaria si tengo unos amigos tan grandes a mi lado. Esos que me han hecho reír hasta la saciedad, que me han demostrado tanto.Y
Y ahora, para que lo único que queda de él es una temida sensación de vuelta a la rutina. Empezar de nuevo. Nuevo curso, agobios, tareas, deberes, exámenes, asignaturas, todo nuevo, pero la misma mierda de siempre. Empezar, teniendo todavía ese recuerdo del verano en la cabeza, durante un tiempo, hasta que acabamos por pasar de la añoranza a la impaciente espera de la estación más calurosa. El verano se va, pero volverá a venir, también para irse, y así sucesivamente. Pero no te pares en pensar que se irá, simplemente, disfrútalo al máximo, y cuando acabe, piensa que no es un 'adiós', sino un 'hasta la próxima'. 
Hasta la próxima, verano.

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