lunes, 9 de septiembre de 2013

Y el amor no tuvo mucho más que hacer...


El último día que fuimos, volvimos, me acuerdo bien, sin cogernos de la mano, sin buscarle los pespuntes a las bromas, reprochándonos hasta lo que no fue. Y el amor no tuvo mucho más que hacer, me acuerdo bien de las lágrimas de fuego que lloré.
Y ahora lo veo distinto...
El último día que fuimos, volvimos, me acuerdo bien, en asientos separados, con los ojos empeñados en no verse, con el frío anclado junto a nuestros pies.
Y el amor no tuvo muchos más que hacer, me acuerdo bien de las lágrimas de fuego que lloré.
Y ahora lo veo distinto, diferente, raro, extraño; darlo todo por perdido, separarse y no volver a verse en años.
Ni que fuera un instinto... diferente, raro, extraño, tonto y tantas veces cínico, que parece que es jugar a hacerse daño.
El último día que fuimos amigos pero al revés, comprobamos como no puede valer con la antorcha de un traidor para incendiar Troya, porque Troya decidió que no iba a arder.
Y el rumor no tuvo mucho más que hacer, me acuerdo bien, y aprendí que hay cosas que es mejor perder. Y ahora lo veo distinto...
Y ahora lo veo distinto, diferente, raro, extraño, darlo todo por perdido, separarse y  no volver a verse en años.
Y ahora lo veo distinto, diferente, raro, extraño, tonto y tantas veces cínico...

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